Puntos gatillo o la fibromialgia desenmascarada por síntomas

Si padeces de fibromialgia, habrás oído hablar de los puntos gatillo, también conocidos por su nombre en inglés, “trigger points”. Probablemente, puedas incluso enumerar la ubicación de alguno de los 18 puntos que están repartidos por la mayor parte de nuestro cuerpo, desde el cuello hasta las rodillas.

Puntos gatillo y fibromialgia

Puntos gatillo: la fibromialgia desenmascarada

Los puntos gatillo se pueden producir por causas muy variadas, desde sobreesfuerzos hasta estrés. En el caso de la fibromialgia, su utilidad es indudable ya que ayudan a la hora de realizar el diagnóstico. La única forma de descubrir la activación de uno o varios puntos gatillo es el examen manual de los músculos. Generalmente, el músculo que presenta esta dolencia aparece acortado, tiene menos fuerza y es mucho más sensible al tacto.

Como sabes, el tratamiento de la fibromialgia, hoy por hoy, es paliativo pero no definitivo, de ahí que sea muy importante la detección precoz. Cuanto antes sepamos que nos estamos enfrentando a esta dolencia, mejor podremos prepararnos para aliviar el dolor y mejorar nuestra calidad de vida.

La detección y el diagnóstico de la fibromialgia

Inicialmente, nos hallaremos frente a un caso de fibromialgia si al menos 11 de los puntos gatillo presionados resultan dolorosos. Dado que el diagnóstico de una enfermedad no es una ciencia exacta, existen casos en los que el dolor se siente en menos puntos pero aparece acompañado de otra sintomatología: músculos doloridos, fatiga, sensación de quemazón o palpitaciones.

La mayoría de los síntomas principales de la fibromialgia pueden confundirse con los propios de otras enfermedades o con simple malestar. Si sufres de fibromialgia, es posible que hayas pasado por una etapa inicial en la que pensabas que el dolor muscular generalizado, la sensación de constante cansancio, la alteración del sueño e incluso las lagunas de memoria que tenías eran pasajeros o se debían a situaciones de estrés, a un exceso de cargas familiares o profesionales.

Cambia tus hábitos para mejorar tu calidad de vida

La fibromialgia se mantiene a raya con medicación pero también con mucha voluntad y unos hábitos alimenticios, de descanso y físicos adecuados. Te levantas por la mañana con ganas de hacer cosas, tienes una actitud positiva, te enfrentas al dolor con una dosis extra de energía; esta es la mejor forma de combatir la enfermedad.

En cuanto a la alimentación, ya sabemos que comer frutas y verduras es bueno, que hay que desterrar el azúcar refinado y limitar el consumo de proteínas. Una dieta sana y equilibrada es beneficiosa para todos. Pero, exactamente, te preguntarás ¿qué me va bien a mí, qué me conviene más para aliviar el dolor?

Grasas saludables, calcio y una pizca de magnesio

El Omega 3 que encontramos en el pescado azul, el marisco, la yema del huevo, la soja o en vegetales como la lechuga y el brócoli tiene un poderoso efecto antiinflamatorio. Te puedes preparar un buen bonito en temporada, unas apetitosas sardinas al horno o una rodaja de pez espada y acompañarlo de una ensalada bien regada con un chorro de aceite de oliva crudo, muy recomendable también como parte de tu dieta.

Si queremos conseguir un buen aporte de antioxidantes, nada mejor que los vegetales crudos. Por ejemplo, espinacas crudas en ensalada, con pasta o rellenando un rollito de pan de pita o de calabacín, tan apetecible ahora que ha llegado el buen tiempo.

Las espinacas te aportarán también el calcio y el magnesio que tu cuerpo necesita, de la misma manera que lo hacen los lácteos, las legumbres o los higos secos.

Seguro que se te ocurren muchas otras recetas deliciosas que destierran los alimentos más nocivos para tu salud. Prueba a inventar nuevos platos, pon en marcha la maquinaria de pensar; porque tener la cabeza ocupada con aquello que te gusta y te hace feliz es el mejor tratamiento contra el dolor.

 

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