Meditación para vivir mejor

En los últimos años parece que los occidentales hemos vuelto a descubrir una práctica milenaria: la meditación. Ese pensamiento profundo y reflexivo sobre nosotros mismos, nuestras emociones y sentimientos, nuestras ideas sobre temas vitales es, en realidad, un método por el que entrenamos nuestro cerebro para que nos ayude a conseguir lo que todos deseamos y necesitamos: vivir mejor. Hoy en el blog de las personas que viven con dolor: meditar más para vivir mejor.

Tipos de meditación

El cine y la televisión han provocado que cuando pensemos en una persona meditando, proyectemos en nuestra mente la imagen de un hombre o una mujer sentados en el suelo, con los ojos cerrados, los dedos de las manos unidos y emitiendo una especie de murmullo bastante extraño. Ese es el arquetipo de la meditación, pero no nos quedemos ahí: existen muchas formas diferentes de practicar la meditación, técnicas diferentes que se adaptan como un guante a la personalidad de cada persona. Dos ejemplos:

  • Meditación budista. Este tipo de meditación es, quizá, el más conocido por el gran público. La frase que lo podría definir es “aquí y ahora”, es decir: mediante esta meditación la persona centra todos sus pensamientos en el momento presente,  disfruta del momento olvidando el pasado y, por supuesto, el futuro y sus previsibles preocupaciones.
  • Meditación trascendental. Si viviste los años 60 del siglo pasado seguro que te sonará este tipo de meditación que popularizó ese grupo musical que marcó la década: Los Beatles. Los Beatles se sumaron en aquel entonces a una técnica de meditación que ha pervivido hasta nuestros días y que se basa en la repetición de un mantra, una serie de sonidos, palabras o frases con o sin sentido que buscan abstraer nuestra mente del entorno exterior y centrarse en lo fundamental: el yo.

¿Por qué meditar?

Trabajamos para ganarnos la vida, hacemos ejercicio para mantener sanos cuerpo y mente, cocinamos para alimentarnos, leemos por placer… pero ¿por qué tendríamos que meditar? ¿Por qué es especialmente importante la meditación para las personas que viven con dolor? La meditación sirve para:  

  • Controlar el estrés, la ansiedad y los sentimientos de angustia que produce el dolor crónico. Según las últimas investigaciones, los procesos de meditación ayudan a liberar una hormona llamada cortisol y que se ocupa, entre otras muchas funciones, de regular el nivel de azúcar en sangre para que produzca la energía necesaria para combatir los síntomas negativos del estrés.
  • Aprender a controlar esas emociones que se disparan en los momentos álgidos de dolor y malestar. Ira, furia, angustia… emociones que no solo afectan a nuestra mente, sino que contraen nuestros músculos produciendo dolorosas contracturas.
  • Aprender a enfocar racionalmente los problemas y, así, dar con las soluciones más adecuadas para cada situación. Está demostrado que mediante la práctica de la meditación, el sujeto mejora sus conexiones neuronales y así, incrementa la calidad y la velocidad de los procesos mentales.
  • Dormir mejor. ¿Qué es lo que quita el sueño a las personas que viven con dolor? ¿El dolor en sí mismo? ¿La fragilidad de su situación laboral? ¿La dificultad de relacionarse normalmente con su círculo familiar? ¿La angustia porque el dolor progrese y se haga insoportable? Como  hemos comentado en párrafos anteriores, la práctica diaria de la meditación nos ayuda no solo a conocernos mejor a nosotros mismos, sino a reflexionar detenidamente sobre nuestro entorno social, profesional y familiar. Nos ayuda a focalizar los problemas y a encontrar soluciones, mejora nuestro estado físico y nos hace más fuertes para soportar los peores momentos del dolor… En definitiva: nos ayuda a controlar la multitud de problemas que nos roban el sueño, ese descanso que necesitamos para mantenernos plenos, activos, vitales y tan sanos como sea posible

 

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