La temida comida familiar de los domingos

¿Recuerdas la famosa canción “I hate Mondays”? Pues hoy no hago más que oírla en circuito cerrado. Los lunes no son, ciertamente, mi día de la semana favorito, en ese sentido soy una más del inmenso rebaño de trabajadores y trabajadoras que ven una cuesta en el primer día laborable de la semana. Pero en mi caso el tema se complica un poco más gracias a mi “querida” fibromialgia y, también, al hecho de que ayer tuve que volver a pasar por una prueba importante: la temida comida familiar de los domingos.

Yo nunca fui una persona demasiado familiar, las cosas como son. Desde bien pequeña prefería meterme en un rinconcito y sumergirme en un buen libro, poner a parlotear a mis muñecos favoritos o perderme en las aventuras y desventuras de la abeja Maya y compañía. Según fui creciendo mis gustos evolucionaron, pero no cambiaron: cambié a “Los cinco” de Enid Blyton por “It” de Stephen King, sustituí las conversaciones imaginarias de mis muñecos por charlas igual de disparatadas con mis amigas y dejé a Maya con sus flores para engancharme a Falcon Crest, Alft, Los Simpson, Seinfeld, Expediente X… qué tiempos aquellos.

En resumen: ni de pequeña ni de mayor me hacía ni pizca de gracia dedicar la mitad del domingo reunirme con abuelas, tíos, primos, primas y demás parientes para celebrar una estupenda comida familiar. Pero desde hace unos años, desde que la FM entró en mi vida para quedarse, el tema se complicó todavía un poco más.





New Call-to-action




El porqué del rechazo a las reuniones familiares

He hablado del tema tanto con mi reumatólogo como con otros amigos y amigas que sufren fibromialgla y, mira por dónde, parece que esa fobia que tengo a pasar unas cuantas horas de mi vida rodeada de familia es un “mal de muchos”. Sobre el papel, las razones que explican ese temor que sentimos ante una reunión familiar están claras como el agua. Un par de ejemplos:

  • Las personas diagnosticadas con FM no vamos sentadas en una silla de ruedas; tampoco nos falta un brazo, un ojo o una pierna. Es decir: nuestra dolencia va por dentro, es invisible para el resto del mundo excepto para nuestro círculo más íntimo. ¿Cómo explicar a personas con las que tenemos menos confianza que debemos tumbarnos un rato para soportar la sobremesa? ¿Y explicar que no podemos quedarnos a comer pastel porque nuestra FM lleva dos horas gritándonos que la llevemos a casa?
  • Todavía mucha gente piensa que el origen de la fibromialgia es psicológico, no terminan de creer que hablamos de una enfermedad real, dolorosa, crónica y, lo peor de todo, incapacitante. Esas buenas personas creen que nos hacen un gran favor entreteniéndonos, dándonos conversación, comentando casos y casos de conocidas con FM que se han curado yendo a un balneario o a un crucero…

La solución

Como solía decir mi abuela, en esta vida todo tiene arreglo menos la muerte. Te cuento lo que he hecho personalmente, quizás a ti te funcione:

  • Mi círculo familiar sabe que tengo FM. Yo o mis familiares más íntimos se lo hemos explicado y también les hemos contado que no estoy al cien por cien, que algunos domingos no podré acudir a la comida familiar o que a veces tendré que irme antes de los postres. Hablando se entiende la gente.
  • No gasto tiempo ni energía en intentar convencer a la gente de la gravedad real de mi enfermedad. Si se empeñan en “venderme la moto” con soluciones milagrosas a base de agua termal, daiquiris o puestas de sol, sonrío y, en cuanto puedo, me voy a otra zona de la casa donde converse gente más afín a mí y a mi enfermedad.

Seguir este par de técnicas me ha funcionado bien para afrontar la temida comida de los domingos, ¿y en tu caso? ¿Qué trucos utilizas para llevar a tu fibromialgia a las reuniones familiares?  Espero leer tu comentario… 

María Valdés

Post relacionados: