La dichosa cuesta de enero

¡Por fin! Por fin ha terminado la Navidad, otro año más he conseguido aprobar esa asignatura pendiente de eternas reuniones familiares, comidas interminables, cenas de dieciocho platos, atracones de comida y bebida de fiesta y, por supuesto, el reto de salir a esa jungla comercial en busca del regalo perfecto que luego acaba en el mostrador de devoluciones. No es que no me guste la Navidad, es que a mi fibromialgia y a mí nos resulta agotadora. Afortunadamente, en esta vida todo pasa y todo llega, como, por ejemplo: la resaca de la Navidad, alias dichosa cuesta de enero. ¿A ti también te preocupa cómo superar esta temporada del año que a veces se hace más larga que un día sin pan?

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¿Por qué nos preocupa tanto la cuesta de enero?

El otro día estaba tomando café con mi grupo de amigas habitual, unas cuantas “chicas” de todas las edades que hemos cogido la buena costumbre de reunirnos una tarde a la semana para compartir risas, chismorreos, tristezas, alegrías y, por qué no, recetas de cocina, achaques y tratamientos para los achaques, noticias de política, moda… bueno, ya sabes, una tertulia de todo un poco. No recuerdo quién sacó a colación el tema de la dichosa cuesta de enero y de la irritante insistencia de los medios de comunicación en recordarnos día sí, día también que la gente lo pasa fatal para llegar a fin de mes a la vez que cargan bolsas y más bolsas de chollos rebajados.

Como te digo, en mi grupo de amigas hay un poco de todo: desde la típica abuela joven cargada de hijos y nietos, hasta la solterona eterna cargada de tabletas y smartphones. Algunas de las chicas son sanas como peras y otras, como yo, llevamos la carga de distintas afecciones: fibromialgia, fatiga crónica, artrosis, ciática, espondilitis… Como te imaginarás por este cuadro que te pinto, el porqué de la preocupación de la cuesta de enero era tan variado como nuestras propias vidas. A alguna le preocupaba cómo volver a insuflar vida en su cartera después de los derroches de las fiestas navideñas; a otras – como la fanática en tecnología – le agobiaban las colas eternas para conseguir tal o cual aparatito de última gama sin el que no se puede vivir; pero a otras mujeres, como a mí, nos preocupaban dos cosas especialmente de la cuesta de enero: los nervios y el agotamiento que supone este primer mes del Año Nuevo. 





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Enero = nervios y agotamiento.

En uno de mis artículos de diciembre ya te conté el problemón que supone para las personas diagnosticadas con FM pasar una tarde – o dos o tres – comprando la comida, la ropa y los regalos que parecen imprescindibles para celebrar la Navidad en esta sociedad materialista en la que vivimos. Pues bien, añádele a esas compras el “aliciente” de luchar en las rebajas por esos zapatos que te encantan, ese jersey súper extra rebajadísimo o esa nueva batería de cocina que realmente necesitas como agua de mayo. ¿El resultado? Nervios y más nervios que van fatal para las personas con fibromialgia leve, moderada o aguda.

En cuanto al agotamiento propio de la cuesta de enero no me refiero al cansancio físico de cargar bolsas, subir escaleras, probarse y quitarse ropa… me refiero al agotamiento mental de los anuncios chillones que te asaltan en todas partes gritándote “¡compra!”, “¡compra!” “¡compra!”… Me refiero a ese agotamiento mental que supone luchar cada día contra el consumismo feroz que está reduciendo nuestra vida a una carrera por tener más cosas inútiles que el vecino de al lado.

 En fin, supongo que estos sentimientos de agotamiento y nervios que me produce la cuesta de enero no son exclusivos de las personas con fibromialgia, ¿o sí? ¿Tú qué opinas? 

 María Valdés

 

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