Frío, fibromialgia, un “amor” imposible

Hoy ha sido el primer día real del otoño y no, no lo he visto en el calendario, lo he notado como decían las abuelas “en mis propios huesos”. Normalmente cuando me despierto me hago un chequeo rápido del cuerpo: ¿qué tal las rodillas? ¿Muevo bien la cabeza? ¿Noto esas punzadas malditas en la zona lumbar? Hoy mi cuerpo no me dio más que malas noticias: tienes las rodillas fatal, sobre todo la izquierda; claro que puedes mover la cabeza siempre y cuando aguantes unos cuantos calambres sin chillar demasiado; por supuesto que notas las punzadas en los lumbares, ya sabes que es una de mis formas preferidas de decirte que hoy no vas a tener un gran día.

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Padezco fibromialgia
desde hace muchos, muchos años; podríamos decir que ya somos viejas amigas, extrañas compañeras de piso que han llegado a un acuerdo: tú me cuidas a mí y yo te dejo disfrutar de una buena calidad de vida. Mi fibromialgia y yo solemos tener una crisis de amistad a finales de verano, principios de otoño. Cuando los días se van acortando y las noches enfriando, yo voy notando esas pequeñas señales de alerta que me envía mi FM desde los distintos puntos sensibles de mi cuerpo, esas pequeñas zonas dolorosas que algunos llaman puntos gatillo. Mis puntos gatillo son muy educados y se distribuyen a lo largo y ancho de todo mi cuerpo para no molestarse los unos a los otros: habitan en las cervicales, en la zona del trapecio, sobre las escápulas, en esa bendita zona justo debajo de la cadera… Hoy, esos puntos sensibles estaban más activos que nunca ¿por qué? Quizás porque de ayer a hoy ha bajado diez grados la temperatura y desde anoche no para de llover y llover. 





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El cambio de las estaciones

Como te digo, mi fibromialgia y yo nos conocemos bastante bien y, como cualquier otra pareja, sabemos que tenemos que afrontar algunas crisis periódicas, crisis que se reproducen año a año por circunstancias a veces ajenas a nuestra voluntad como el cambio estacional. A nosotras – como a muchísimas otras personas que conviven con una FM moderada – nos viene fatal el cambio de estaciones del año sobre todo el paso del verano al otoño. Según los especialistas, que se agudicen los síntomas dolorosos de la fibromialgia en estas fechas es normal y, además, también es común que les suceda a otras mujeres con dolencias musculoesqueléticas como la espondilitis anquilosante, la artrosis, la artritis o la osteoporosis.

Mi reumatólogo me comentó que hace mucho tiempo que no coge vacaciones en otoño ni porque se le llena literalmente la consulta con cientos de mujeres y hombres con fibromialgia leve, moderada o grave. Mi médico me explicó que la comunidad científica lleva años intentando explicar este cambio sintomático relacionado con los factores ambientales. Algunos expertos afirman que la razón está en que los pacientes con FM tienen una excesiva sensibilidad a la temperatura, es decir: su cuerpo nota cualquier variación de temperatura o humedad y responde a ese cambio con contracciones musculares que incrementan la sensación de dolor.  Otros expertos, en cambio, defienden que la meteorología no tiene nada que ver con estas crisis periódicas de las personas que sufrimos FM y que es una pura y simple casualidad que todas nos quejemos al mismo tiempo y de las mismas dolencias.

Yo no soy médico, no sé quién tiene razón, pero sí conozco bien mi cuerpo y a mi eterna amiga la fibromialgia: cuando empieza el frío y el aire se llena de humedad, busco un lugar seco y calentito, cojo un buen libro o invito a tomar café a un par de amigas y dejo que mi organismo se habitúe poco a poco al cambio estacional y FM me deje seguir disfrutando de una calidad de vida tolerable.

María Valdés

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