Explorar nuestro lado positivo ante la enfermedad crónica

Pasan los meses y parece que la molestia o el dolor no van a acabar nunca. Hablamos de dolor crónico cuando una dolencia persiste durante más de seis meses. Al dolor físico se une el agotamiento mental. Frustración, estrés, rabia y relaciones personales deterioradas acompañan al paciente que lo sufre, que ve como sus emociones negativas van ganando peso sobre las positivas.

dolor cronico y emociones

Dolor crónico y emociones negativas

Durante las primeras fases del dolor crónico, la sensación predominante será el miedo. Sobre todo, vinculado al no saber qué ocurrirá en el futuro: si el dolor puede aumentar, cómo afectará a la calidad de vida del paciente, si se extenderá a otras partes del cuerpo, qué tratamientos requerirá…

Una sensación que, en muchas ocasiones, va acompañada de estrés por la situación, ansiedad por la falta de control y la rabia hacia nosotros mismos, los familiares más cercanos y los propios cuidadores.

Un conjunto de emociones que en nada benefician la salud del paciente y que, a medio plazo, terminan deteriorando su círculo personal y sus rutinas diarias.

Pero: ¿se puede cambiar esta tendencia? ¿Cómo dar un giro y volver a pensar en positivo?

Dolor crónico y emociones positivas

La psicología clínica del tratamiento del dolor es una de las alternativas válidas para el paciente. Algo importante a tener en cuenta cuando nos encontramos sumidos en una fase negativa es el pedir ayuda a profesionales. En este caso, contactar con un psicólogo nos permitirá afrontar la realidad desde otras perspectivas. Un primer paso nada fácil pero el primero del camino hacia la normalización de la enfermedad.

El cambio viene por hacer un esfuerzo en las cosas más pequeñas. Según la psicóloga Raquel Jiménez de Siquia, es importante “tomarse tiempo para cuidarse a uno mismo, hablar del problema y darse tiempo para procesarlo. Es recomendable no descuidar la alimentación, el sueño ni el ejercicio físico, que pueden ayudar a fortalecer aquellas partes del cuerpo que luego se puedan ver afectadas por el dolor”.

El papel del psicólogo, en este caso, será enseñar al paciente técnicas para aliviar el dolor y estrategias de afrontamiento. Como en el estrés o en la ansiedad, el conocernos a nosotros mismos nos ayuda a reconocer síntomas y a saber cómo enfrentarnos a ellos.

El dolor puede ser inevitable pero el cómo nos comportemos ante él puede cambiar mucho la calidad de vida: o convivir con el dolor con tristeza y resignación o aceptarlo y vivir con él como una faceta más de nuestra vida que nos limite solo cuando estrictamente sea necesario, no siempre.

Algunas técnicas que ayudarán al paciente a afrontar el dolor serán:

  • Técnicas de respiración
  • Técnicas de relajación
  • Control de pensamientos, conductas y emociones
  • Reconocer las distorsiones cognitivas
  • Registro diario de actividades
  • Control del entorno para ver cómo le afecta
  • Terapia en solución de problemas y trabajar la asertividad
  • Gestión de las emociones y manejo del dolor
  • Higiene del sueño
  • Motivación

En definitiva, el psicólogo ayuda en el autoconocimiento y el desarrollo de habilidades para afrontar el dolor desde las actividades más cotidianas, corrigiendo malos hábitos y aprendiendo nuevas conductas que ayuden en el manejo del dolor.

La sensación de control ahuyentará los pensamientos negativos dando lugar a buenas sensaciones propias del buen descanso, del ejercicio físico, los hábitos saludables y el control del dolor.