Dolor sordo: las escalas de valoración del dolor

El protagonista de nuestro blog, el dolor, es la causa principal de la degradación de la calidad de vida de las personas que lo sufren. Es, además, el responsable de cientos de miles de bajas laborales y de pérdidas económicas impresionantes. El dolor es un grave problema de salud pública y por ello, se ha estudiado a fondo, tanto desde el punto de vista de su tipología -agudo, leve, moderado, irruptivo…- como de las técnicas apropiadas para medirlo, las llamadas escalas de valoración del dolor.

Medir-dolor

La dificultad de medir el dolor

La IASP  – Asociación Internacional para el Estudio del Dolor– publicó ya hace tiempo una de las mejores definiciones de dolor que hemos leído: “Una experiencia sensitiva y emocional desagradable”. Es decir, en el dolor se involucran las sensaciones y las emociones, dos parcelas tan subjetivas que es complicado medirlas con total certeza. ¿Cuánto le duele algo a una persona? ¿5, 10, 15? ¿Dos personas que sufran la misma afección sienten el dolor de la misma forma?

Desde hace décadas, medir el dolor ha sido un reto, un objetivo prioritario de numerosas organizaciones y profesionales del sector de la salud. Conseguir medir el nivel de dolor que sufre una persona nos ayudará no solo a programar el mejor tratamiento médico o farmacológico, también nos permitirá ofrecer a cada persona herramientas personalizadas para que disfrute de una calidad de vida aceptable.





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El dolor sordo

El dolor sordo no está encuadrado dentro de ninguna tipología médica oficial, pero todo el mundo sabe lo que significa: ese dolor suave en algún punto de nuestro cuerpo que no es intenso ni insufrible, pero sí muy molesto porque parece que nunca desaparece.

Al tratarse de una sensación leve y un tanto difusa, es difícil medir el dolor sordo con las escalas normalizadas de valoración del dolor que veremos a continuación.

Escala analógica visual EVA

Comenzamos con una de las escalas de valoración del dolor más conocida del mundo médico: la escala analógica y visual EVA. Su funcionamiento es extremadamente sencillo: se traza una línea horizontal y se divide en centímetros o en milímetros. En el extremo izquierdo de la línea anotamos “Sin dolor” y al final de la línea, en el extremo derecho, anotamos “Máximo dolor”. En las sucesivas visitas a la consulta, el paciente con dolor elegirá un punto de esa línea y, así, el médico especialista podrá tener constancia del proceso doloroso y ajustar los fármacos que receta a su paciente.


Escala Numérica EN

Esta escala de valoración de dolor es la que más se utiliza en las consultas médicas de todo el mundo y es, quizá, más sencilla de utilizar para el paciente que la anterior. En lugar de una línea horizontal, se dibuja un rectángulo dividido en once casillas numeradas. En la casilla cero anotaremos la frase “Sin dolor” y en la última casilla, la número 10, anotaremos “Máximo dolor”. El paciente elegirá la casilla que mejor defina el grado de dolor que siente en ese momento.


Escala Visual Analógica de Mejora. EVAM

Según los expertos, el grado de dolor, su intensidad, también puede medirse desde el punto de vista de su ausencia o mejoría. La escala EVAM es parecida visualmente a la escala anterior, pero en la casilla cero aparecerá la frase “No mejora” y en la casilla 10 la frase “Mejora”. Esta herramienta de medición no solo aporta información al especialista sobre la evolución de la enfermedad y el grado de éxito del tratamiento médico, también ayudará al paciente a ver cómo el dolor desaparece progresivamente y va mejorando su salud.

Dolor sordo, agudo, grave, moderado… una sensación desagradable que, afortunadamente, podemos medir para combatir y controlar.   

 

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