Demostrada la relación insomnio-obesidad

Dormir poco engorda”, esta es una de las frases escuchadas habitualmente en los foros sobre dietas saludables, pero hasta hace poco no pasaba de ser una frase hecha. Pero ahora se han publicado varios artículos y estudios que demuestran que los trastornos del sueño tienen mucho que ver con esa enfermedad típica de los países más avanzados: la obesidad. Por su parte, la obesidad y el exceso de peso son malos amigos de varias enfermedades y trastornos musculoesqueléticos por lo que, de forma indirecta, se podría decir que hay una relación directa entre el sueño y el aumento o la disminución de los síntomas de algunas enfermedades crónicas y dolorosas

insomnio-obesidad.

Las interrupciones del sueño nocturno

Uno de los estudios que intentan relacionar de forma práctica los trastornos del sueño con el exceso de peso procede de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos. Un grupo de investigadores de esta prestigiosa universidad privada acaba de publicar las conclusiones de su estudio en la revista “Sleep” (Sueño), la publicación oficial de la “Associated Professional Sleep Societies, LLC”.

En su artículo académico, los investigadores afirman que cuando se interrumpe el sueño durante la noche, nuestro cerebro activa esas señales que normalmente sólo aparecen o aumentan cuando sentimos el placer de consumir cierto tipo de alimentos ricos en azúcar, grasa o sal.  Es decir: cuando se interrumpe el ciclo de sueño nocturno normal, cuando sufrimos insomnio, nuestro cerebro nos hace la jugarreta de hacernos sentir el deseo de consumir no cualquier tipo de alimento, sino precisamente aquellos que están relacionados con el llamado “placer hedónico”: chocolate, tartas, pasteles, patatas fritas, refrescos… Productos con mucho sabor y un exceso de calorías que calman esa señal eléctrica enviada por nuestro cerebro agotado por la falta de sueño.

El sistema endocannabinoide

El  largo nombre sistema endocannabinoide está muy relacionado con la teoría que relaciona insomnio y obesidad. Para explicarlo de una forma sencilla, podríamos decir que se trata del sistema de comunicación que las células de nuestro cuerpo utilizan para comunicarse entre ellas. Este sistema está muy implicado en otro tema que los lectores del blog de las personas que viven con dolor comprende muy bien: la percepción de nuestro propio dolor crónico y la sensación de malestar continuo; pero el sistema de comunicación intercelular también regula señales de placer y, ahí, precisamente han encontrado los investigadores la relación entre la falta de sueño y el deseo de obtener placer mediante la ingestión de alimentos apetitosos y con un sabor potente.

Según leemos en el artículo de “Sleep”, la señal que emite nuestro cerebro cuando se interrumpe el sueño nocturno afecta a dos hormonas: la ghrelina y la leptina, ambas muy relacionadas con la sensación de tener apetito. Los investigadores sometieron a un grupo de voluntarios a un experimento en el que medían la presencia de estas dos hormonas durante el día  y la noche demostrando que en los sujetos que disfrutaban de menos horas de sueño nocturno aumentaban significativamente los niveles de leptina incrementándose su apetito y, también, el deseo de consumir alimentos más dulces, más salados o grasientos, etc.

Desde el punto de vista del dolor crónico, los resultados de este experimento abren otra vía interesante de estudio e investigación: cómo la falta de descanso reparador hace que nuestro cuerpo coja un peso extra que no le conviene nada si sufre los síntomas de afecciones y  enfermedades como la lumbalgia, la artritis, la ciática, la EA, la FM, etc. 

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