Buenos días dolor o cómo superar las 2 primeras horas del día

Uno de los retos a los que nos enfrentamos las personas que padecemos fibromialgia empieza justo cuando suena el despertador: afrontar con éxito esas primeras y terribles horas del nuevo día. Como ya te he contado en otros artículos de este blog, mi FM y yo somos antiguas amigas, nos conocemos perfectamente; sabemos cuáles son las rutinas de cada una, qué nos gusta hacer y qué no, cuándo podemos ir a pasear y cuándo tenemos que quedarnos en casita… También somos conscientes de nuestros ritmos circadianos, ya sabes ese reloj biológico imparable que tenemos todos y que hace que nuestro humor mute como un Pokemon en función del momento del día o de la noche, ese reloj que marca, también, nuestro estado de ánimo al despertarnos temprano por la mañana.

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En ese sentido, yo soy perfectamente consciente de que mi compañera de cuerpo no tiene, digamos, un muy buen despertar. Lógicamente – y como todos- mi FM también tiene temporadas en las que está peor y mejor de ánimo. En verano, por ejemplo, mi fibromialgia tiende a despertarse con bastante buen pie. Es lógico, vivimos en un pequeño pueblecito de costa en el que el cielo casi siempre está azul, la temperatura es suave, casi nunca llueve… Pero en otoño e invierno la cosa cambia, cambia mucho. En las estaciones más frías y húmedas del año, FM se levanta de un humor de perros, un estado de ánimo que, claro, me contagia a mí desde que levanto la pestaña. Y bien, como de masoquista no tengo nada, ya hace tiempo que me inventé varias pequeñas rutinas para superar con éxito esas primeras horas de los días que FM se empeña en amargarme. ¿Quieres que te cuente un par de ellas?





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Bostezar es de buena educación

Sí, has leído bien, no he confundido “buena” con “mala”, no cuando hablamos de superar el cóctel de dolores que produce la fibromialgia a primera hora de la mañana. No sé si te pasa lo mismo, pero a mí, en los peores días de dolor matinal mi FM me sorprende con unas terribles punzadas en la zona de la mandíbula, en torno a los ojos, en los pómulos y los labios… Como se suele decir, en esos días malos me duelen hasta las pestañas. Así, el primer ejercicio que hago al despertarme es simple: bostezar. Empiezo abriendo lentamente la boca, cerrándola, frunciendo los labios… Cuando ya estoy un poco desentumecida, comienzo a darme pequeños masajes circulatorios en la zona de los pómulos, la comisura de los labios, la barbilla, el principio del cuero cabelludo. Aparte de que mimarse un poco a primera hora del día no le viene mal a nadie, yo noto que, poco a poco, los puntos gatillo situados en los mil y un músculos de la cara se van calmando, van adormeciéndose al ritmo tranquilo en el que yo voy respirando.

Imitando a tu mascota

Seguro que más de una vez has visto a un perro o a un gato desperezándose por la mañana, parece que hacen una reverencia, ¿verdad? Pues bien, como la naturaleza es muy sabia, ya hace tiempo que decidí imitar a estos animalitos y convencer a mi fibromialgia de que acercar la nariz a nuestra alfombra era la mejor manera de empezar el nuevo día doloroso. La técnica es muy simple: sal de la cama y, muy despacito, ve doblando las rodillas hasta llegar al suelo y quedar a cuatro patas. Luego adelanta tus brazos y, suavemente, ve inclinando tu torso, cuello y cabeza hacia el suelo al mismo tiempo que vas elevando la espalda. Al principio te puede ayudar bastante marcar el ritmo con la respiración: ve contando lentamente hasta diez mientras flexionas tu cuerpo, cuando tu nariz ya roce el suelo para un momento, cuenta hasta cinco y luego vuelve a contar del diez al cero mientras vuelves a la posición original. Es un ejercicio muy simple pero que, por experiencia, calmará esos alfilerazos de dolor que sufre tu cuerpo a primera hora de la mañana.

Estos son dos de los ejercicios matutinos más típicos que suelo hacer para dar los buenos días al dolor. ¿Quieres que te cuente más? Deja tu comentario en el blog

María Valdés
 

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