No es un alifafe: ¿cómo me afecta el síndrome de fatiga crónica?

¿Te imaginas padecer una enfermedad que tiene un diagnóstico difícil de hacer? ¿Que además no tenga un tratamiento concreto y que se desconozca su origen? Eso es a lo que me enfrento día a día, por eso quiero mostrarte en este artículo cómo me afecta el síndrome de fatiga crónica, que no debemos confundir con un alifafe convencional.

síndrome de fatiga crónica

Cuando no es un alifafe: qué es el síndrome de fatiga crónica

Empezaré explicándote que el síndrome de fatiga crónica se caracteriza por contar tanto con síntomas físicos como emocionales. Para complicar más el asunto en ocasiones se puede confundir con otras enfermedades.

Los principales síntomas son los siguientes:

  • Cansancio excesivo después de una actividad que no debería causarlo y que no se va con el descanso.

  • Dolores musculares, articulares, de cabeza o de garganta.

  • Problemas de concentración, memoria y con el sueño. Incluso en algunos momentos me cuesta hasta pensar.

  • Alergias.

  • Problemas visuales.

  • Mareos, falta de equilibrio y desmayos.

  • Trastornos psicológicos de todo tipo, ansiedad, depresión o irritabilidad.

Cómo me afecta el síndrome de fatiga crónica

Después de ver algunos de los síntomas, hay más, me gustaría contarte que el problema principal es que tener uno o varios de ellos no significa necesariamente que tengas la enfermedad.

Por eso una de las mayores dificultades a las que nos enfrentamos quienes padecemos este tipo de enfermedades es que hasta que contamos con un diagnóstico tenemos que peregrinar por diversos médicos y someternos a diferentes pruebas hasta que finalmente nos dicen qué es lo que nos sucede.

Sin duda, esa fue la peor parte para mí, cuando me encontraba mal, muy mal en ocasiones, y no sabía el porqué. Además, en muchos casos las personas que tenía a mi alrededor no comprendían lo que me estaba pasando.

Aunque la fatiga crónica venga de la mano de ciertos dolores, el síntoma principal es ese cansancio tan tremendo y que no se va por mucho que duermas o te pases los días en el sofá y eso es difícil de entender, lo reconozco.

En cuanto a mi vida laboral, ha sido todo un reto. Mi trabajo era más mental que físico y debido a que comencé a tener tantos problemas de memoria y concentración tenía muchos fallos a lo largo del día. Por si fuera poco había mañanas que me costaba mucho levantarme de la cama y otras era imposible.

Al final tuve que pedir la baja, literalmente no podía con mi trabajo. Ahora que el tiempo ha pasado he podido reincorporarme, pero de vez en cuando necesito volver a solicitar la baja. Además, tengo todo el tiempo el sentimiento de que ya no rindo igual, pero con la ayuda del tratamiento he podido por lo menos salir adelante, que ya es mucho.

Tratamiento del síndrome de fatiga crónica

Es cierto que al principio te decía que no existe un tratamiento concreto para este problema, y es así, pero sí se pueden tratar los síntomas.

Por ejemplo, cuando me siento decaída emocionalmente, mi psiquiatra me prescribe los medicamentos que necesito. Para el dolor mi médico también me administra los fármacos que me pueden ayudar.

Pero también me sirve de mucho el llevar una alimentación sana y equilibrada, prescindiendo de los alimentos o bebidas excitantes, también hago ejercicio, controlado y según me permite mi estado, y procuro tener una buena rutina de descanso.

Lo que incluye acostarme siempre a la misma hora, procurar hacerlo en un ambiente adecuado e intentar descansar a lo largo del día.

Me ayuda también el tener vida social y el preocuparme por otras cosas, no vivir centrada en lo que me ocurre.

Ahora ya sabes mejor cómo me afecta el síndrome de fatiga crónica y cómo afronto mi enfermedad.

Post relacionados:

New Call-to-action